miércoles, 18 de noviembre de 2015

En busca de la realidad


Era la historia de aquel escritor que vivía dentro de sus propias líneas.

Cada mañana le robaba los ojos al protagonista de su obra, imaginando un mundo, imaginándose a sí mismo, imaginándose una vida paralela y viviéndola desde su cuarto.

Quizás lo hacía porque la realidad no le gustaba, le asustaba, era demasiado grande, demasiado incontrolable. Verse inmerso en aquella enorme maquinaria le hacía parecer insignificante, perdido entre un mar de multitudes, en rutinas, en estándares que le harían pasar sin pena ni gloria por una existencia cada día más gris.

Sin embargo, en su pequeña obra podía imaginar, tenía el control de una historia que le hacía diferenciarse de los demás, quizás no mucho, pero lo suficiente.

Al contrario de lo que pudiera parecer, aquel lugar compuesto de letras e imaginación no difería en exceso de lo que la realidad podía llegar a ser algún día, la única diferencia era que allí conseguía explotar al cien por cien sus cualidades. Y desde la primera página.

Se podía decir, que en lugar de hablar de fantasía, podríamos hablar de existencia idílica, no porque fuera perfecta, sino porque se aprovechaba al máximo.

Ansiaba algún día poder tocar su creación.

Ansiaba poder vivir en aquel mundo idílico.

Ansiaba poder… poder sobre su propia voluntad que le arrastraba hacia aquella ficción haciéndole huir del presente y del futuro que tanto le aterraban.

Y es que, aunque vivía una historia maravillosa cada día en su cabeza, no dejaba de ser un personaje de novela en busca de su realidad, perdido entre líneas, a la deriva entre palabras y casi ahogado por tanta letra, buscando su lugar en una fantasía a la que no pertenecía.



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