Desde siempre contamos con 5 sentidos, todos comunes. Tan
comunes, que cuando alguno nos falla pasamos a convertirnos en discapacitados.
Perdemos facultades respecto a los demás. La sociedad puede ayudarnos a
avanzar, pero no espera, "show must go on", hace bien. Y finalmente
nos adaptamos, no queda otra, se aprende a llevarlo de alguna forma, el
individuo se capacita de otras maneras, o se queda atrás. Ley de vida.
Progreso.
Sin embargo, cuando hablamos del sexto sentido, las reglas
cambian... Es curioso, pero la sociedad, parece estancarse... no continúa, y en
lugar de ayudarnos y avanzar, con o sin ti, decide pararse contigo. Renunciamos
al progreso... Las mayores barbaridades no las cometemos cuando erramos, sino
cuando defendemos ese error. Y la falta de sentido común nos introduce en una
espiral de despropósitos cada vez mayor… También ocurre en la otra dirección,
cuando detectamos una falta de sentido común, lo intentamos responder con la
misma falta de raciocinio provocando un efecto rebote que crece con cada cambio
de sentido. Tenemos una facilidad innegable para llevarlo todo a los extremos.
Blanco o negro. No existe el gris. Y finalmente quedamos atrapados en una celda
imaginaria con barrotes de absurdez, donde todos creen llevar la razón y ninguno
la defiende con argumentos coherentes. Es entonces cuando el más común de todos
los sentidos, se convierte en el más inusual.
Pongamos orden, por favor…
No renunciemos al progreso. Si alguien pierde la capacidad
de utilizar el sentido común o nunca la ha tenido, no nos unamos a él. Ayudémosle
a avanzar, por su bien se adaptara, y si no… si no los demás no debemos
esperarle, porque le estaremos quitando todos los incentivos a superarse, a
corregir sus errores y a buscar otras maneras de pensar. A la larga, será bueno
para él, bueno para los que lo tomen de ejemplo y bueno para todos los demás.