Ironías de la vida, me siento vivo cuando sueño, pese a
ser cuando menos vivo…
Comenzar a fantasear, vivir lo no vivido, jugar a
imaginar lo que quizás nunca llegará.
Acelerar y dejar atrás la realidad, desvanecerse hasta
poder volar.
Surcar los cielos sin necesidad de pararse a recordar que
ayer fue ayer, que hoy es hoy, y que el mañana llegará.
Rutina encorsetada de burda tela funcional.
Viajar sin rumbo a la deriva del disfrutar.
Huyendo de las bestias, de los miedos, de la dura y ardua
soledad, que atormenta sin piedad…
Dejando paso a la lluvia cuando los parpados se condensan
fruto de la evaporación de la ilusión.
Del dolor.
De la impotencia de perseguir sombras.
Quimeras que siempre vuelan más alto de lo que podemos
saltar.
Salvo al imaginar...
Que al igual que ellas
Podemos volar...