En un mundo de desiertos, de arenas sin final, prisas, problemas y contratiempos, debemos aprender a manejar la llave del tiempo, y a disfrutar al máximo de los pequeños momentos que hacen de la vida algo único y especial.
El que consiga detener el tiempo en esos pequeños oasis que la vida nos otorga, logrará recolectar las energías que hacen falta para continuar, para llegar al siguiente oasis.
El modo más rápido de llegar a la
meta no es avanzar sin descanso. Consiste en descubrir pequeños
refugios que nos hagan sentir felicidad en el más puro de los
sentidos, y detener el tiempo en ellos.
Disfrutarlos.
Hacerlos eternos...
Una tarde de domingo en la bañera en compañía de un buen libro, de una serie especial. Caminar bajo tenue lluvia. Un paseo bajo la luna llena. Una oleada de pensamientos. Un instante de silencio. Un escalofrío que recorre la dorsal...
Momentos comunes, que a menudo ignoramos. Pasan de largo...
En mirar el mundo con otros ojos, hacer especial el ahora extrayendo lo diferente de cada momento, de cada lugar, por común que sea, radica en gran parte la felicidad.